Aprovechamiento conjunto de los recursos hidráulicos del centro y sureste de España. Complejo Tajo-Segura

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Antecedentes hasta la aprobación del Anteproyecto

La necesidad en el Sureste de caudales externos a sus cuencas naturales tiene probablemente su más remoto antecedente histórico en la vieja  cuestión del trasvase de los ríos Castril y Guardal (Guadalquivir) para su aprovechamiento en la cuenca del Almanzora, en la zona de Lorca y aún para el abastecimiento de agua al arsenal de Cartagena. Desde tiempos de Felipe II, en los que parece haberse originado la cuestión, hasta recientemente, el trasvase Castril y Guardal es una idea que, con interés vario ha venido siendo alternativamente revivida y abandonada, ante, sin duda, la precaria economicidad y las desproporcionadas dificultades técnicas del esquema hidráulico que comporta. La supervivencia todavía de este antiguo propósito es una prueba más de la natural insuficiencia de recursos hidráulicos en el Sureste y del tradicional valor que allí tiene el agua.

Pero en contraste evidente con el enorme potencial agronómico del Sureste y a pesar de que el desarrollo de los recursos hidráulicos es exhaustivo hasta límites poco usuales la situación de extrema escasez de agua en la región se caracteriza por un déficit previsible de varias veces la aportación natural de la cuenca del Segura. Por consiguiente, tentativas como las de Castril-Guardal o las de extremar más de lo que hoy lo está el aprovechamiento del agua natural de la región (incluso aguas subterráneas), lo cual es ya imposible prácticamente, no pasarán de ser remedios muy locales -cuando no recuerdos de una situación superada absolutamente irrelevantes en el problema general del déficit hidráulico natural del Sureste.

Estas situaciones de déficit hidráulico de cuantía comparable a las disponibilidades regionales, que también se dan -aunque en menor grado- en las zonas alicantinas y castellonenses del Levante español, son desde siempre cuestión obvia; pero fue sin duda en 1933 cuando efectivamente, dando lugar a la fecunda noción y primeras medidas del DESEQUILIBRO HIDROGRÁFICO nacional, se originó la decisión de enfrentarse técnicamente con ellas mediante trasvases hidrográficos. Así, el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933 contempla por primera vez como un objetivo viable la solución conjunta de los problemas de agua en las áreas del Sureste y de Levante mediante la aducción de caudales externos, poniendo en juego caudales procedentes del Tajo y del Ebro.

Este Plan, desde el punto de vista técnico, no es sino un bosquejo elaborado sin detalle, que contiene poca fundamentación numérica, incluso en lo que se refiere a la definición de objetivos. Además, le es seriamente imputable la subestimación con que presenta el papel del Ebro en la corrección del desequilibrio hidrográfico nacional. Pero no obstante estos defectos que pronto le fueron señalados, debe reconocerse que fue un paso inicial decisivo en la planificación hidráulica española, por cuanto pretendió una amplitud de miras sin precedentes y una formidable visión de futuro, al superar el planeamiento del agua nacional, hasta entonces restringido hasta a apenas sus confines hidrográficos locales. Por otra parte, hay que señalar de manera especial que la parte más original del plan de Lorenzo Pardo esto es, el trasvase del Tajo al Segura, fue preconizada según un trazado cuyas líneas generales son las que orientaron su proyecto y ejecución en 1968-1979. Esto es lo fundamentalmente meritorio, no solo por anticipar en aquella época la viabilidad de un esquema hidráulico de esas proporciones, sino porque, entonces, mucho mayor era la envergadura del propósito que cuando se llevó a cabo. Piénsese, por ejemplo, que no solo se carecía de antecedentes internacionales de obra de este tipo, sino que en 1933 -y aún mucho más tarde- los embalses que radicalmente hacen pensable el proyecto (Entrepeñas, Buendía, Alarcón, Cenajo y en no poca medida Contreras y Tous) no eran sino lejanos objetivos, a veces vagos.

Como consecuencia de la publicación del Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933, pronto surgieron propuestas de otros esquemas hidráulicos que se decían alternativos al de Lorenzo Pardo, y como este último, todos estudiados en su fase preliminar. Fundamentalmente, estos esquemas “alternativos” son solo dos: el presentado por  el ingeniero D. Félix de los Ríos y el presentado por el ingeniero Sr. Sánchez Cuervo. El primero pretendía resolver el problema de la ampliación de los riegos mediterráneos sin trasvasar aguas del Tajo y tomando del Ebro todos los caudales extra-hidrográficos que requiriera el Levante y el Sureste. El Plan consistía de forma específica en “llevar a Alicante y Murcia todos los caudales posibles del Júcar y del Turia y dar a Valencia caudales del Ebro que los compenses y mejoren”. Así, con esta propuesta y otras variantes de ella, el papel del Ebro en la corrección del desequilibrio hidrográfico nacional fue llevado a su máxima importancia y, puesto que el Plan del 33 sólo le concedía al Ebro un cometido mínimo y el Plan De los Ríos eliminaba al Tajo, se creó un cierto confusionismo que inclinaba a mostrar mutuamente al Tajo y al Ebro como nuevas fuentes de agua alternativas para planear la ampliación de los regadíos mediterráneos.

El esquema pensado por el Sr. Sánchez Cuervo es en ese sentido más flexible pues, en efecto, ve en definitiva el planteamiento de la corrección del desequilibrio hidrográfico, en lo que a Sureste-Levante se refiere, en tres etapas sucesivas. La primera sería una cesión de agua del Júcar al Segura que evaluaba en unos 600 hm3/año, después de ultimada la regulación del Júcar (Alarcón, Contreras y Tous) y de incluir la recuperación de escorrentías en la Albufera. Pero como esta aportación era obviamente insuficiente para hacer frente al potencial de riegos en el Segura estimado por Lorenzo Pardo, el plan presentado por la Acequia Real del Júcar aconsejaba una segunda etapa que pusiera en movimiento caudales del Ebro, a fin de liberar mayores recursos del Júcar y, una tercera, a desarrollar en el caso de ser insuficientes los recursos movilizados por la segunda. Esta tercera etapa es en esencia el esquema Tajo-Segura de Lorenzo Pardo. El esquema Sánchez Cuervo, consecuencia de los dos fundamentales que le precedieron, presenta, al incluirlos un mayor grado de elaboración y, probablemente, mayor sentido programático. En primer lugar, porque con toda claridad se revela el importantísimo papel que el Júcar puede jugar en la corrección del desequilibrio hidrográfico y además porque, de todos los esquemas preliminares, es el primero que no excluye mutuamente al Ebro y el Tajo. Por ello, tal vez sea el esquema Sánchez Cuervo el más próximo a las ideas elaboradas en 1967.

De todos los primitivos esquemas, hechos en la atractiva fase preliminar de contribuir a una obra de envergadura sin precedentes, el Plan General de Obras Públicas de 1940 da cumplida noticia crítica y, abundando plenamente en el importancia y consistencia de sus objetivos últimos -pese a su vastedad y a la envergadura de las obras que en cualquier caso se requeriría- establece ponderadas directrices al reconocer la necesidad de proseguir los estudios, “ya que los tanteos presentados se basan en datos que no ofrecen las necesarias garantías”. Las directrices del Plan de 1940, que de manera realista anticipó que “la solución completa del regadío del Levante requiere muchos años de estudios”, son, brevemente, las siguientes:

a)      “El problema de la ampliación y mejora de los riegos de Levante (mediterráneos) hay que plantearlo tomando como punto de partida fundamental los caudales sobrantes que puede haber en otras cuencas y que económicamente sean de posible trasvase.

b)      “Dejando como cuestión secundaria el fijar la extensión de las superficies de posible riego, ya que estas superficies son enormes y todos los caudales que llevemos encontrarían, con el tiempo, su aplicación al riego”.

c)      Con respecto a las disponibilidades regulables del Ebro, Júcar y Tajo, se aconseja proseguir con el máximo detalle los estudios entonces existentes sin olvidar la regulación de afluentes, pues “¿Por qué hemos de buscar una solución forzada en uno de estos puntos solamente ...?” cuando “puede llegar a convenir que las zonas de riego estén situadas en puntos diferentes de los actuales”.

d)      Con respecto a las dotaciones para riego, también se encarecen estudios de más detalle “pues los datos que se han utilizado son demasiado generales y consideramos excesiva la dotación que se les atribuye en la zona valenciana”.

e)      “Debe examinarse el problema con un carácter eminentemente nacional, prescindiendo por completo del aspecto local con que se han tratado con demasiada frecuencia estos asuntos”.

A partir de 1960, aproximadamente, la Dirección General de Obras Hidráulicas impulsa los estudios de base sobre el tema de la corrección del desequilibrio hidrográfico nacional. El nuevo impulso debía naturalmente incluir lo que por otros motivos también era necesario, es decir, la revisión sistemática del cómputo general de los recursos hidráulicos del país, la evaluación del potencial de regadíos, de consumos de agua, del potencial hidroeléctrico, etc. a fin de elaborar el balance hidráulico nacional sobre el cual fundar la planificación futura. Fue un gran paso, pues sus resultados, si bien lógicamente perfectibles en no poca medida, permitieron auxiliar el planeamiento de recursos y mostrar clara y de manera fiable la situación del país frente al problema del agua. Asimismo se impulsan también en la Dirección General de Obras Hidráulicas los estudios de base y aún de detalle sobre temas más específicamente relacionados con los trasvases del Ebro y del Tajo.

Pero es a partir de 1966 cuando la Dirección General de Obras Hidráulicas ordenó pasar al terreno de los estudios de proyecto propiamente dichos y el MOP decidió canalizar el problema por vías urgentes y ejecutivas de todos los terrenos de gestión del proyecto, esfuerzos que culminaron en la redacción del “Anteproyecto General de Aprovechamiento conjunto de los  recursos  hidráulicos del Centro y Sureste de España -COMPLEJO TAJO-SEGURA” de fecha noviembre de 1967 y aprobado definitivamente por O.M. de 2 de agosto de 1968, fecha en que el Consejo de Ministros autorizó la realización de las obras.
 

El Plan General para la corrección del desequilibrio hidráulico de 1967

Vistas las oposiciones que la propuesta del Trasvase Tajo-Segura suscitó en 1933 mediante las sucesivas alternativas que fueron presentadas durante la información pública, el Anteproyecto General de Aprovechamiento conjunto de los recursos hidráulicos del Centro y Sureste de España -COMPLEJO TAJO-SEGURA- que fundamentalmente contenía el Anteproyecto del Acueducto Tajo-Segura, incluyó con carácter informativo y “a los solos efectos de encuadrar el aprovechamiento conjunto Tajo-Segura dentro del marco general de la corrección del desequilibrio hidráulico peninsular, y de fundamentar la necesidad de acometer este aprovechamiento conjunto”, un Plan General de corrección del desequilibrio hidráulico.

En una primera fase se proponía el aprovechamiento de los excedentes del Tajo y del Ebro en el litoral mediterráneo, mediante los tres esquemas fundamentales siguientes (ver planos fig. 1 y 2, planta y perfil):

                                               Tajo-Segura

                                               Ebro-Pirineo Oriental

                                               Ebro-Júcar - Segura

Esquema Tajo-Segura (ATS)

El acueducto Tajo-Segura conecta el embalse de Bolarque en el río Tajo con el de Talave, en el río Mundo, mediante una conducción de 286 Km de longitud, capaz de transportar un caudal máximo de 33 m3/seg del Tajo a la cuenca del Segura.

Las obras del acueducto se dividieron en cuatro tramos:

                                   Tramo I     -     Elevación de Altomira

                                   Tramo II    -     Canal de La Bujeda-Alarcón

                                   Tramo III   -    Canal de Alarcón-La Mancha

                                   Tramo IV   -    Túnel de Talave

Plan maestro para corregir el desequilíbrio hidrográfico del la Peninsula Ibérica (Primera fase)

 

Tramo I.- Las aguas del río Tajo se toman al pie de la presa de Bolarque que forma el contraembalse de los grandes hiperembalses de Entrepeñas y Buendía.

Se inicia el acueducto con una toma en dicho embalse mediante cuatro tuberías que atraviesan el macizo de la presa, situándose al pie un central elevadora reversible de 208.000 Kw de potencia, que impulsa el agua hasta la cumbre de la sierra de Altomira por una doble tubería metálica, de diámetro variable entre 3,15 y 3,45 m, que salva un desnivel de 210 m, con una longitud total de 1.025 m.

A la tubería sucede una galería de presión de 5,35 m de diámetro y 14 Km de longitud perforada a lo largo de la cresta de la sierra y provista en su origen de una chimenea de equilibrio de 75 m de altura y 25 m de diámetro. La galería de presión, revestida toda ella de hormigón fuertemente armado, desemboca en el embalse de La Bujeda constituido por tres diques de materiales sueltos. La capacidad de este embalse, algo superior a los 6 millones de m3, permitirá almacenar el agua bombeada durante las horas de mínima demanda en la red eléctrica para la alimentación continua del tramo II y de la central de Altomira durante las horas de máxima demanda energética, en régimen inverso al bombeo.

El agua si sitúa en el origen del Tramo II a través de una segunda central de bombeo que sólo consume energía cuando el nivel del embalse de La Bujeda se halla por debajo del tirante de agua en el canal.

El sistema Bolarque-Bujeda está proyectado para elevar hasta 66 m3/seg en régimen de bombeo y para turbinar hasta 99 m3/seg cuando funcione como central productora de energía.

Cuando se lleguen a bombear los 1.000 hm3/año de trasvase, previstos como límite máximo, se consumirán 1.180 millones de Kwh al año y se producirán 205 millones de Kwh/año de energía de puntas.

Este tramo constituye el primer ejemplo de moderno aprovechamiento reversible en España, en el que a la función primaria de elevación de caudales del trasvase se ha incorporado una función subsidiaria de central de acumulación para la producción de energías de puntas.

Tramo II.- En el embalse de La Bujeda se inicia una conducción que salva la distancia de 90 Km hasta el embalse de Alarcón mediante una alternancia de tramos en canal, acueductos y túneles. El canal es de sección trapecial y se halla revestido por una losa de hormigón de 12 cm de espesor.

Entre los acueductos merecen destacarse las correspondientes a los pasos de los ríos Riansares y Cigüela cuyas longitudes son de 2.900 m y 6.300 m respectivamente. Las dovelas tienen una anchura en coronación de 5,60 m y altura de 4,75 m. Están soportadas por pilares de hasta 50 m de altura cimentadas mediante pilotes en terrenos geotécnicamente difíciles. Por sus dimensiones y características constituyen ejemplares únicos en su genero.

En el Tramo se han perforado 12 túneles con longitud media de 1 Km, destacando el de Villarejo-Periesteban (divisoria Guadiana-Júcar) con 5.000 m de longitud. Se hallan revestidos con hormigón en masa de un espesor medio de 40 cm y su diámetro interior es de 4,75 m.

Perfil de los esquemas planteados para la corrección del sesequilibrio hidráulico

La entrega en el embalse de Alarcón se realiza en la cola del mismo, proximidades de la localidad de Belmontejo, mediante dos rápidas con 40 m de desnivel, susceptibles de un aprovechamiento hidroeléctrico.

Tramo III.- En el contraembalse de Alarcón se inicia el tramo III de 106 Km de longitud que aprovecha en la primera fase del trasvase, planteada para 600 hm3/año, el túnel de Picazo construido para el salto del mismo nombre con el cual comparte esta conducción. El canal presenta un acueducto importante, el de Santa Quiteria, de algo más de medio kilómetro de longitud, soportado por 15 pilas de hasta 30 m de altura.

En el Pk 27 aproximadamente de este tramo se dispone de la rápida de Villalgordo que salva un desnivel de 22 m, a partir de la cual el canal, de sección trapecial y revestimiento con losa de hormigón, discurre por la llanura de la Mancha de Albacete para entregar sus aguas en la cámara de carga del túnel de Talave.

Tramo IV.- Este tramo constituye, indudablemente, la pieza maestra del acueducto. Consiste en salvar la divisoria Júcar-Segura, atravesando, mediante un túnel de 32 Km de longitud, la sierra de Hellín. El túnel se ha perforado a profundidades comprendidas entre 200 y 300 m en un macizo esencialmente jurásico de geología torturada y difícil, con caudales subterráneos de notable importancia, lo que motivó una traza sinuosa para salvar en lo posible dichas dificultades geológicas.

El túnel trabaja en carga, tiene un diámetro interior de 4,20 m y dispone a lo largo de su traza de cinco pozos y dosventanas de ataque para facilitar y abreviar su construcción.

Entre la salida del túnel y la entrega en el embalse de Talave (Cuenca del Segura) las aguas discurren por el canal de la Rambla de Talave, en el cual se intercalan tres rápidas para salvar el desnivel de unos 150 m en total que existen entre la solera del túnel y el máximo nivel del embalse.

Comienzo del trasvase Tajo - Segura. Central reversible de Bolarque. Elevación de Altomíra.

Tuberías de impulsión de la central de Bolarque

Trasvase Tajo - Segura. Acueducto del Cigüela.

Corte geológico del Túnel de Talave

Canal de Villarejo

Trasvase Tajo - Segura. Cámara de carga del túnel de Talave.

Ensayo camara de carga del Túnel de Talave

Esquema Ebro-Pinineo Oriental

El acueducto se desarrollaría en una longitud de unos 160 Km entre el río Ebro y la cuenca del Llobregat a través de las provincias de Tarragona y Barcelona. Dada la gran longitud de transporte y el carácter de la demanda, predominantemente de abastecimiento, se planteó para una extracción a caudal constante a lo largo del año disponiendo de los embalses moduladores precisos, en su mayor parte próximos a los centros de consumo. Con este planteamiento se lograba una perturbación mínima en la explotación energética de los embalses del tramo inferior del Ebro y una utilización muy completa de las obras de conducción.

La toma de aguas se situaba en el río Ebro, cerca de la población de Benifallet. El suministro de los caudales precisos (45 m3/seg como media) queda garantizado fundamentalmente por los grandes embalses de Mequinenza y Ribarroja, situados en el propio río Ebro aguas arriba, que disponen de una capacidad conjunta de 1.740 hm3. La reducida cota del agua en el punto de toma (10 m.s.n.m.) hace preciso un importante bombeo para ganar la altura suficiente que permita transportar el agua a sus puntos de destino. Desde la estación de bombeo el agua se impulsa al embalse de Rasquera, de unos 9 hm3 de capacidad, situado a un kilómetro aproximadamente del río Ebro, salvando un desnivel máximo de 240 m. La reducida distancia entre la estación de bombeo y el embalse de cabecera ofrece una posibilidad muy atrayente para adoptar la solución de un bombeo reversible que permite un mejor aprovechamiento energético del sistema. La capacidad precisa para la regulación semanal de 15,5 hm3 se complementaba con el embalse de Burgans, situado en el valle de Compte, enlazando ambos mediante un túnel de 5,10 m de diámetro y unos 9 Km de longitud, que permitiría conducir un caudal de 101 m3/seg.

La conducción principal del acueducto tendría su origen en el embalse de Burgans que, con 27 hm3 de capacidad, proporcionaría tanto el complemento necesario para la regulación semanal del bombeo reversible cuanto los 20 hm3 necesarios para completar los 170 hm3 que precisa la modulación anual de las demandas de riego, ya que no es posible almacenar más de 150 hm3 con los embalses en ruta y cola de Gayá, Castellet y Noya que formarían parte del sistema. Esta conducción arrancaría a la cota 190 m.s.n.m. con capacidad para 47 m3/seg y tras un recorrido de 68 Km (26 Km en túnel y 42 Km en conducciones a cierto abierto) situaría las aguas a la altura del río Francolí después de haber abastecido las demandas agrícolas y de abastecimiento del Campo de Tarragona.

A partir del río Francolí el canal reduciría su capacidad a 42 m3/seg y después de unos 15 Km de recorrido (1 Km en túnel y 14 Km a cielo abierto) alcanzaría la cuenca del río Gayá, alimentando el embalse de este nombre, que con nivel máximo a la cota 128 y capacidad útil de 57 hm3 será origen de las conducciones de abastecimiento para Tarragona y su área de influencia y cabeza de los regadíos locales. Desde la cuenca del Gayá la conducción continuaría con capacidad de 36 m3/seg y tras un recorrido de unos 35 Km (23 Km de túnel y 12 Km de conducciones a cielo abierto) si situaría en el río Foix, vertiendo los caudales al embalse de Castellet que dispondría de una capacidad útil de modulación de 40 hm3 para nivel 133 de máximo embalse. 

Del embalse de Castellet partirían dos conducciones principales cuyo objetivo fundamental es situar en puntos adecuados los caudales necesarios para atender las demandas de la zona de Barcelona. La primera arrancaría a la cota 100, aproximadamente, con capacidad para 15 m3/seg y después de 32 Km de recorrido en túnel, atravesando el macizo de Garraf, situaría por gravedad las aguas frente al río Llobregat en las proximidades del pueblo de Gavá, donde se instalarían las estaciones de tratamiento de las que partirían las conducciones a presión para alimentar la red de distribución de Barcelona y áreas próximas con los caudales precisos para atender las demandas por debajo de la cota 70, aproximadamente. La segunda conducción de 17,5 m3/seg que comenzaría también al pie del embalse de Castellet, con una impulsión de 1.200 m de longitud y unos 85 m de altura se desarrollaría por la región del Penedés, y después de 27 Km de recorrido (9 Km de túnel y 18 Km de conducciones a cielo abierto) vertería las aguas a la cota 180 en el embalse de Noya, de 51 hm3 de capacidad, donde se modularían los caudales para una entrega continua de 15 m3/seg. a las estaciones depuradoras, desde donde se podrían atender las demandas de la zona de Barcelona situadas a mayor cota que no sean abastecidas con recursos propios.

Esquema Ebro-Júcar-Segura

Este esquema estaba concebido como suma de dos trasvases: uno del Ebro a la zona de Valencia y otro del Júcar a las zonas de Alicante y Sureste. 

La capacidad de transporte total del esquema se estimó en el Anteproyecto en unos 1.400 hm3/año, para luego incrementarse hasta 1.800 hm3/año al introducir demandas adicionales, como la siderúrgica de Sagunto. Sin embargo, el planteamiento de un esquema único de la capacidad citada, no parecía justificado, toda vez que los recursos propios del Mijares y de la zona valenciana no estaban completamente aprovechados (cabe señalar que la construcción del embalse de Arenós sobre el río Mijares, supuso la disponibilidad adicional de un 65% de los recursos entonces regulados y que la zona valenciana no aprovechaba en aquella época más de un 60% escaso de sus posibilidades). Por otra parte el Sureste, como usuario de cola del esquema Júcar-Segura, tenía previsto solucionar sus problemas de expansión a medio plazo con el Trasvase Tajo-Segura. La sustitución de caudales que lleva consigo el amplio esquema Ebro-Júcar-Segura debe ser un paso posterior a la utilización completa de los recursos propios cuyo coste sea inferior al del gran Trasvase del Ebro, coordinando el desarrollo de estos recursos propios con la sustitución citada, de la mejor manera posible. 

Sin embargo, si se esperaba a la coyuntura propicia para el desarrollo del gran Plan, se demoraba durante bastantes años la puesta en riego de amplias zonas, tales como las situadas entre los ríos Ebro y Mijares, que han de abastecerse directamente del Ebro, y las comprendidas entre Mijares y el Turia que se había previsto abastecer con caudales del Mijares hoy asignados a la vega de este río y que se nutrirían en el futuro con caudales del Ebro. Por esta razón se fraccionó en dos fases el gran esquema Ebro-Júcar, de forma que una primera permitiese llegar con caudales del Ebro hasta el Mijares y garantizase la alimentación de agua a la IV Siderurgia Integral de Sagunto (hoy desechada).

Este primer esquema tenía como objetivo llegar a la zona baja del Mijares (cota 60 aproximadamente) liberando unas 24.500 Has,  de regadíos asignados a los recursos propios. A lo largo del trazado pueden regarse otras 25.000 Has, estableciéndose una modulación en ruta en el río San Miguel para acomodar el caudal extraído del Ebro en régimen constante a las necesidades del los regadíos. En definitiva se precisaban unos 350 hm3/año para regadío a los que había que añadir unos 40 hm3/año para abastecimiento de poblaciones y unos 200 hm3/año para la IV Siderúrgica Integral de Sagunto en su versión más amplia.

La capacidad del esquema resultaba ser de unos 600 hm3/año, es decir, unos 19 m3/seg del caudal continuo que sería preciso bombear desde el Ebro en Cherta hasta la cota 150 aproximadamente. 

El segundo esquema sería de unos 1.200 hm3/año de capacidad, es decir, unos 38 m3/seg. Con bombeo del Ebro en Cherta hasta la cota 240-250 y un canal que vertiese al embalse de Tous en el río Júcar, pudiendo soltar caudales al embalse de Villamarchante a su paso por el Turia. Tramos de este canal, como partes del Mijares-Turia y Turia-Tous, pueden ser construidos inmediatamente después del primer esquema antes mencionado y del canal Júcar-Turia, para aprovechar caudales liberados con estas obras. 

El trasvase Júcar-Segura, previsto para utilización de las aguas liberadas del Júcar con el gran esquema del Ebro, se estudió al principio situando la toma a la cota 300 aproximadamente, en la confluencia de los ríos Júcar y Cabriel, donde ya se dispone de la mayor parte de los volúmenes regulables en esta cuenca por los embalses de Alarcón y Contreras. Con estas aguas se preveía alimentar las zonas de Alicante y Sureste, siendo el volumen asignable a esta última zona dependiente de las disponibilidades de aguas subterráneas que se determinasen en este área. El esquema incluía un bombeo importante de unos 300 m para salvar la divisoria con el río Vinalopó y una recuperación de energía posterior, en unos 400 m de desnivel, con modulación en el embalse del Cid situado en el tramo inferior de aquel río.

Orden de prioridad en la corrección del desequilibrio hidráulico

La Comisión de Recursos Hidráulicos del II Plan de Desarrollo Económico y Social redactó un informe (Memoria 1967) en el que se decía:

Los aprovechamientos conjuntos propuestos tienen características diferentes en relación con la demanda. El aprovechamiento Ebro-Pirineo Oriental es esencialmente un trasvase para abastecimiento urbano e industrial, que puede coordinarse con los regadíos del litoral entre el Ebro y Barcelona. Por el contrario los aprovechamientos Ebro-Júcar-Segura y Tajo-Segura, tienen objetivos fundamentalmente agrícolas. Un orden de prioridad económico y legal establece preferencia de los abastecimientos sobre los usos agrícolas. 

Si la demanda de abastecimiento de la zona catalana no quedase satisfecha por el momento, ni con las previsiones de desarrollo de los recursos propios en plazo razonable, es evidente que habría que acudir prioritariamente a satisfacer esta necesidad. Sin embargo con la regulación integral del Llobregat a base de los embalses superficiales programados para su inmediata construcción y su coordinación con los embalses subterráneos del delta, el problema de abastecimiento quedaría resuelto por lo menos hasta 1980 aproximadamente. 

El litoral mediterráneo ofrece perspectivas más atrayentes desde el punto de vista agrícola, a medida que nos desplazamos hacia el sur, por lo que bajo este aspecto resultan de mayor interés las zonas de Levante y Sureste que la zona catalana.

De las zonas de Levante y Sureste, que han de corregir los aprovechamientos Ebro-Júcar-Segura y Tajo-Segura, es el Segura, a través de los balances hidráulicos, la que presentaba la situación más agobiante y reclamaba con mayor urgencia complementar sus recursos hidráulicos para poner remedio a su inevitable estancamiento en el desarrollo y para evitar que la regresión de sus regadíos a favor de los abastecimientos, ya iniciada, llegue a adquirir gravísima importancia. 

Resulta pues entre las áreas potenciales de desarrollo agrícola claramente prioritaria la zona del Sureste, para iniciar con ella los programas de corrección del desequilibrio hidráulico peninsular. 

De los dos esquemas que permitían incorporar recursos hidráulicos al Sureste, Ebro-Júcar-Segura y Tajo-Segura, es este último el que merecía la prioridad por las siguientes razones:

a)          En el esquema Ebro-Júcar-Segura, el Sureste es el usuario cola y lógicamente debe ser el último que se beneficie de las obras, ya que una programación económica racional llevaría a desarrollar progresivamente los nuevos regadíos en ruta que el esquema incluye antes de llegar a los últimos, con lo cual se alargaría el plazo en el que el Sureste dispusiese de los caudales deseados, de forma incompatible con la urgencia del problema.

Por otra parte este esquema presenta una complejidad que no solo es técnica, sino también administrativa, pues implica hasta la sustitución de concesiones ya otorgadas, y es preciso estudiarlo con mucho detalle.

El esquema Tajo-Segura lleva las aguas directamente el Sureste con una longitud de conducción inferior a la necesaria para situar los caudales del Ebro en la zona valenciana. Este esquema es el único que tenía posibilidad de llegar a tiempo de evitar la regresión de los regadíos actuales del Sureste, y en consecuencia el único remedio eficaz para resolver el problema.

b)           El esquema Tajo-Segura es el que proporciona la parte más importante de los volúmenes asignables al Sureste, mientras que para esta zona el esquema Ebro-Júcar-Segura no representaba nada más que un complemento.

c)           De los estudios realizados por la Dirección General de Obras Hidráulicas se deduce que la inversión necesaria para el esquema Tajo-Segura (unos 6.000 millones de pts) aún siendo importante, está dentro de límites abordables a corto plazo. Por el contrario el esquema Ebro-Júcar-Segura necesitaba una inversión triple.

En consecuencia una programación racional de la corrección del desequilibrio hidráulico, aconseja comenzar la construcción del esquema Tajo-Segura con la mayor rapidez compatible con la terminación del estudio completo de las acciones a cometer. 

En los restantes esquemas deben realizarse los estudios correspondientes para estar en condiciones de programarlos en los futuros Planes de Desarrollo. Cabe añadir que en el Estudio Económico del Trasvase se evaluó el coste total de la operación trasvase, en pesetas de aquella época, como sigue:

 

Acueducto Tajo-Segura

Mill. de pts (1968)

              Obras Hidráulicas

6.492

              Obras Hidroeléctricas

1.619

Sureste

 

Obras Hidráulicas

7.655

Obras Hidroeléctricas

2.610

Inversiones Agrarias

12.016

TOTAL

30.392

 

Cabe también señalar que la nueva Ley de Aguas (1985) incluye la posibilidad de sustituir la totalidad o parte de los caudales concesionales por otros de distinto origen (art. 59.3) lo que permitiría abordar administrativamente el complejo esquema Ebro-Júcar-Segura.

El Anteproyecto del Acueducto Tajo-Segura de 1967 y la Ley de 1971

El Informe redactado en 1967 por la Comisión de Recursos Hidráulicos del II Plan de Desarrollo Económico y Social y su propuesta de iniciar la corrección del desequilibrio hidráulico nacional mediante el TRASVASE Tajo-Segura fue decisivo para la puesta en marcha de la obra. Dicho Informe puede considerarse como una primera versión del Plan Hidrológico Nacional, considerando las directrices que hoy conforman la planificación hidrológica. 

En relación con las condiciones que hasta entonces habían guiado la propuesta de estas importantes obras puede resumirse que el Plan de 1940, al que se ha hecho amplia referencia anteriormente, introdujo tres conceptos o directrices básicas de planificación de recursos hídricos a nivel nacional:

-                     Regulación integral de recursos propios en las cuencas deficitarias previa al planteamiento de los trasvases hidrográficos.

-                     Mejora de la gestión de las disponibilidades hidráulicas en las zonas deficitarias para reducir al máximo la aportación de las cuencas abundantes.

-                     Utilización en las cuencas deficitarias de solamente caudales sobrantes de las cuencas abundantes.

En el Anteproyecto de 1967 las condiciones fundamentales barajadas para determinar los volúmenes trasvasables fueron las siguientes 

a)                  Las necesidades no satisfechas de la zona a beneficiarse por el trasvase. 

b)                 Las disponibilidades de caudales sobrantes de la cuenca alimentadora, en la toma prevista (con una garantía de suministro del 96% sobre la serie histórica de aportaciones).

c)                  Las características técnico económicas de las obras que han de servir de soporte básico al trasvase (sobre todo en cuanto a la capacidad de regulación en cola).

Las dos primeras no precisan aclaración, pues responden a condiciones físicas limitativas que no es posible superar. La tercera es siempre necesario tenerla en cuenta con posterioridad a las anteriores, pues difícilmente puede plantearse una obra si es imposible desde el punto de vista técnico o desaconsejable desde la perspectiva económica.

Es decir, que la propuesta del Trasvase Tajo-Segura venía soportada por el criterio de utilización de sobrantes y por el de economía de esquemas de trasvase tanto en su aspecto constructivo como en el de explotación. 

En definitiva, los criterios utilizados en el planteamiento de la corrección del desequilibrio hidrográfico en 1967 consistían fundamentalmente en la utilización de sobrantes de cuencas abundantes, pero con la limitación de que las cuencas alimentadoras no quedasen en condiciones de inferioridad en cuanto a posibilidades de expansión respecto a la mínima prevista de las cuencas receptoras, introduciendo así un nuevo concepto de equilibrio hidráulico de expansión potencial, que hasta entonces no había sido utilizado. 

Estos criterios, que van bastante más allá de lo que la legislación vigente de aguas entonces exigía, fueron adoptados para “hacer viable humanamente esta primera etapa de planificación”, visto “el ambiente social de gran tensión” que creó la propuesta de Lorenzo Pardo en 1933, según recoge el Plan de 1940.

Efectivamente el trasvase Tajo-Segura, planteado dentro de lo que se podría considerar primer Plan Hidrológico Nacional según la actual terminología, se inició dentro del marco de la antigua Ley de Aguas de 1879 que no reconocía ningún derecho expectante de los ribereños y consideraba públicas todas las aguas superficiales, por lo que podrían éstas destinarse a atender de la forma más económica posible las demandas crecientes de su utilización allí donde se produjeran, y en consecuencia podían plantearse los trasvases, sin ningún requerimiento especial, siempre que el Estado los considerase interesantes para el bien común 

De acuerdo con estos principios han sido muchos los trasvases planteados en España entre diferentes ríos de una misma cuenca (Confederación), tales como el Ter-Llobregat, e incluso entre diferentes cuencas hidrográficas (Ebro-Nervión), cuyos expedientes se resolvieron normalmente, con las oposiciones clásicas que se presentan en la tramitación de cualquier obra hidráulica.

El caso del trasvase Tajo-Segura fue diferente. En primer lugar se le dio una publicidad muy superior a la que era normal en las obras hidráulicas, exponiendo el Anteproyecto en todos los Gobiernos Civiles de las provincias afectadas para mejor conocimiento de la ciudadanía.

En el Anteproyecto, para cumplimentar el criterio expuesto de utilización de sobrantes y debido a que el punto de toma se situaba en la cabecera de la cuenca, se realizaron los balances detallados de la cuenca del Tajo en las situaciones actuales (1967) y futura con objeto de comprobar que los caudales derivados no afectarían al desarrollo potencial de la cuenca. La superficie futura de riegos con aguas superficiales considerada (unas 366.000 Has frente a las 145.000 Has estimadas en explotación en 1967) no fue motivo de sustancial objeción, pero sí la consideración de las repercusiones que el trasvase podría tener en las demandas potenciales para la situación de las disponibilidades de aquel momento. Es decir, que la cuenca estaba de acuerdo en que en la situación futura existiría agua regulada para todos los usos potenciales que no resultaban afectados a largo plazo por el trasvase propuesto, pero ello requeriría la construcción de una serie de obras cuya realización, si no se coordinaba adecuadamente, podría llegar a suponer una demora en el desarrollo potencial. La posibilidad de que esto pudiera suceder parecía muy remota, pues ya se justificaba en el Anteproyecto que el desequilibrio hidráulico que podría producir el trasvase Tajo-Segura en el tramo medio del río Tajo, sería corregido progresivamente por el abastecimiento de Madrid, cuyos planes de ejecución escalonada se habían establecido para trasvasar excedentes de la zona oriental de la cuenca y situarlos en su tramo medio, que así recibirá aportaciones suplementarias reguladas, análogas a las derivables al Sureste. Como el crecimiento del consumo de la capital de la Nación se preveía rápido, no existía peligro de que se produjese la descoordinación apuntada. No obstante, para dar satisfacción a la cuenca del Tajo, el trasvase se dividió en dos fases: en una primera el volumen derivable no superaría los 600 hm3/año, cifra que representaba los excedentes calculados en aquella fecha sobre las demandas potenciales. Para acometer la segunda, de 400 hm3/año, sería preciso demostrar, previa nueva información pública, que se habían acrecentado los sobrantes regulados disponibles en dicha cuantía.

Cabe indicar, para actualizar las previsiones de entonces, que el Plan Hidrológico del Tajo (diciembre 1995) evalúa en 214.944 has la superficie regable en el año 2012, es decir, un 148% de la regada en 1967 y un 59% del potencial entonces estimado, lo que pone de relieve la validez de aquellas previsiones realizadas hace más de 30 años que resultan conservadoras habida cuenta de la problemática que plantea su expansión en el actual marco de la Unión Europea.

La alta probabilidad de que no se producirían incompatibilidades hidráulicas entre el trasvase y el desarrollo de la cuenca del Tajo, debido fundamentalmente al “efecto reordenador” hidráulico que en la cuenca del Tajo introduciría el abastecimiento de Madrid, cuyo crecimiento estimado en el Plan Nacional de Abastecimiento y Saneamientos conducía a una demanda para fin de siglo más de tres veces la estimada para 1967, aconsejó construir el esquema de trasvase para los 1.000 hm3/año de capacidad final propuesta, que es como se ha construido.

La previsión de atender las futuras ampliaciones del abastecimiento de Madrid con recursos hidráulicos del Oeste de la cuenca del Tajo ( hasta 900 hm3/año de los ríos Guadarrama, Alberche y Tiétar) convertían sus retornos al Jarama en “recursos nuevos” para el tramo medio del Tajo, por lo que los recursos trasvasables al Sureste realmente se podía considerar que procedían de los abundantes sobrantes de la cuenca del Tajo en desembocadura, a los que se les daba una primera utilización en el abastecimiento de Madrid siguiendo las modernas directrices de máxima reutilización de recursos. 

De todas formas el tiempo ha dado la razón a la cautela propuesta por los usuarios del Tajo, de división en dos fases, al no haberse producido un crecimiento tan rápido de la demanda de la capital de España.

Aparte de las garantías físicas que la cuenca del Tajo exigió e introdujo en el condicionamiento del trasvase relativas a la compatibilidad del mismo con el desarrollo de sus posibilidades potenciales, también requirió que se programase temporalmente en la mayor medida posible dicho desarrollo a través de una Ley especial. 

La Ley 21/1971, de 19 de junio, sobre el Aprovechamiento Conjunto Tajo-Segura, aprobada en 1971, además de recoger la división en fases antes aludida y sancionar el carácter de excedentes para las aguas trasvasadas, concretaba las obras y estudios que se debían realizar dentro de la cuenca. Dicha Ley constituye en esencia un compromiso del Estado en cuanto a la atención que ha de prestar al desarrollo hidráulico de la cuenca del Tajo. 

En definitiva la cuenca del Tajo aceptó el criterio de utilización de sobrantes pero dio un paso más, exigiendo que el caudal de trasvase con carácter inmediato se estableciese comparando recursos regulados en aquel momento con las demandas potenciales de la cuenca. Por otro lado exigió un compromiso por parte del Estado para desarrollar sus posibilidades de utilización de recursos hidráulicos que quedase plasmado con carácter de Ley (conocidas como obras de compensación).

El paso dado con esta Ley no cabe duda que significa el reconocimiento, por lo menos en este caso concreto, de un cierto derecho expectante de los ribereños, que puede crear jurisprudencia de cara al futuro cuando pueda ser preciso plantear trasvases pero sin el carácter de sobrantes. Para estas situaciones parece que se perfila el “mercado del agua” como la más clara solución práctica al problema si se sigue admitiendo el “derecho de los ribereños”.

La Ley 52/1980 de regulación del régimen económico de la explotación del Acueducto Tajo-Segura

Quedaban por definir las circunstancias económicas en las que el trasvase se iba a desenvolver, y por ello se llevó a efecto la promulgación de una nueva Ley específica de “Regulación del régimen económico de la explotación del acueducto Tajo-Segura” (Ley 52/1980 de 16 de octubre) que contempla tres aspectos principales para establecer las tarifas de agua:

-                     La obra principal de conducción del acueducto Tajo-Segura no será objeto de ninguna subvención, tal y como había sido normal en todas las obras de riego desarrolladas con el auxilio del Estado hasta entonces mediante la aplicación de la Ley de Auxilios de 7 de julio de 1911 

-                     La recaudación obtenida por la parte de la tarifa de conducción de aguas correspondiente al concepto de aportación por el coste de las obras se aplicará, con independencia de los créditos consignados en los Presupuestos  Generales del Estado, para inversiones en obras hidráulicas que permitan un más rápido desarrollo de la cuenca (las denominadas obras hidráulicas de compensación).

-                     La revisión de la tarifa cada dos años en función de la actualización de las inversiones.

Esta Ley ha constituido uno de los avances más positivos realizado en los últimos años para hacer viable la política de trasvases hidrográficos.

En primer lugar abandona la política paternalista del Estado en materia de subvenciones de riego, lo cual parece lógico si se plantean obras de conveniencia económica para el país. Esto se traduce en una elevación de tarifas que impide la utilización práctica de estas aguas caras en amplias zonas del país que atraviesa el trasvase donde sería antieconómica su aplicación.  

En segundo lugar fomenta el trasvase de aguas no útiles del Tajo al Sureste porque cada metro cúbico derivado supone un flujo monetario en sentido contrario que contribuye a desarrollar las obras hidráulicas de la cuenca del Tajo y elevar el nivel de renta de sus habitantes. Parece lógico que antes de dejar circular caudales improductivos por el Tajo para su pérdida en el Océano Atlántico, la cuenca del Tajo sería la primera interesada en “enviar los caudales que realmente le sobren” para obtener algún beneficio. Sin embargo parece que éste no ha sido suficiente aliciente. El tema merece su reconsideración.

En tercer lugar la revaloración de activos, que resulta imprescindible de cara a la financiación futura del sector hidráulico, es una garantía de que el flujo monetario Segura-Tajo no se debilitará. 

Estas condiciones económicas específicas para el trasvase Tajo-Segura trataban de unir a las dos cuencas con un espíritu de cooperación y solidaridad. Por un lado demostraban ante la opinión pública el valor económico del trasvase al constituir la primera obra hidráulica en el país construida  por el Estado que no recibe subvenciones. Además la rentabilidad del proyecto es permanente porque las tarifas del agua no se “congelan” y se van a actualizar de acuerdo con la devaluación monetaria. La faceta inteligente de esta última característica de la Ley de Trasvase es que los usuarios de la cuenca del Segura, beneficiarios del agua del Tajo, no pueden protestar de esta “discriminación económica” respecto al resto de los regantes españoles, debido a que los fondos recogidos no van a nutrir las arcas estatales, sino que tienen un destino específico que es el de mejorar el estándar de vida de los habitantes de la cuenca del Tajo. 

Como puede apreciarse esta segunda Ley del Trasvase Tajo-Segura introduce unos nuevos criterios económicos de “comercialización del agua” que resultan muy interesantes de cara al futuro para conseguir una mejor gestión de los recursos disponibles. 

Siguiendo las tendencias de la época la Ley de 1980 introdujo una nueva demanda: el caudal ecológico o medioambiental de Aranjuez evaluado en 6 m3/seg sin ningún estudio específico que lo avalase. Era el principio de la moderna guerra contra los trasvases y las derivaciones aguas arriba en ríos internacionales: la sobrevaloración de los caudales medioambientales como derechos prioritarios que solo ceden ante los abastecimientos y dificultan los trasvases para riegos.

Explotación del Acueducto Tajo-Segura. Sus vicisitudes

Como ya se ha indicado la Ley de 1971 preveía la transferencia de hasta 600 hm3/año de caudales excedentes del Tajo a la cuenca del Segura; estimando unas pérdidas de unos 90 hm3/año, se esperaba una disponibilidad adicional neta para la cuenca del Segura y zonas abastecidas desde ella, para la primera fase del Trasvase de 510 hm3/año. Sin embargo, estas expectativas han estado muy lejos de verse satisfechas hasta finales de la década pasada.

Para dar una cabal explicación del hecho, nada mejor que remitirse a lo expuesto en el Libro Blanco del Agua sobre este tema.

“El ATS comenzó su explotación en 1979, llegando sus primeros caudales a la cuenca del Segura el día 18 de junio. Durante los primeros veintiún años de funcionamiento (1978/79-1998/99) se ha alcanzado una media de 284 hm3/año aportados al Segura, que se elevan a 308 si se suprimen los dos primeros años. En conjunto, se ha trasvasado del orden de la mitad del máximo previsto, alcanzándose los valores mayores en los últimos años (544 hm3, mas del 90% del máximo posible, en el 1998/99). El gráfico 1 muestra la serie de aforos anuales del ATS en Fontanar, punto donde concluye el acueducto y se entregan las aguas al embalse de Talave, ya en la cuenca del Segura. Este volumen es similar al derivado del Tajo en Bolarque (representado en linea fina), pero no coincide exactamente con éste al incluir las pérdidas, préstamos puntuales, tomas intermedias, drenajes del canal, etc.

 

Serie de aportaciones del Acueducto Tajo-Segura a la cuenca del SeguraSerie de aportaciones anuales en la cabecera del tajo

 

Serie de desembalses anuales de la cabecera del TajoExistencias mensuales embalsadas en Entepeñas-Buendía

   

El deficiente resultado que ha tenido la explotación del ATS, en relación con sus previsiones iniciales, se ha imputado por algunos a errores de cálculo tales como la consideración de valores medios precindiendo de la distribución estadística de las series, a ignorar tendencias regresivas en los caudales, a considerar series irreales, etc. Basta repasar los análisis hidrológicos del Anteproyecto (MOP-CEH, 1967) para comprobar lo desatinado e injusto de este juicio. Así, y como simple curiosidad técnica, cabe indicar que –mucho más allá de la trivial distribución de las aportaciones– es aquí precisamente cuando se plantea, por vez primera en España y probablemente en Europa, la utilización de series sintéticas para el análisis de la regulación de caudales, en un proyecto oficial, no académico, apenas unos años después de que esa técnica, hoy ampliamente extendida, fuese formulada por Thomas y Fiering en el clásico libro de Harvard sobre planificación hidrológica (Maass et al. [1962], cap. 12). 

La realidad es que los resultados desfavorables en el funcionamiento del ATS se deben básicamente a la superposición de tres causas fundamentales en las que, dada la importancia de esta actuación hidráulica, nos detendremos brevemente.

En primer lugar, una razón básica es la intensa y prolongada sequía producida durante el periodo 1980/81-1994/95 (tal y como claramente se puso de manifiesto al analizar los recursos hídricos), que condujo a una aportación media en cabecera del Tajo en ese periodo de 715 hm3/año frente a la media interanual de unos 1.270, es decir, del orden del 56% de esta media. El gráfico 2 muestra la serie de aportaciones netas a la cabecera del Tajo desde el año 1912/13 hasta el 1996/97, y las medias global y del periodo de sequía indicado, pudiéndose apreciar con toda claridad este efecto de reducción. También se ha repetido la serie anterior, de volúmenes aportados al Segura mediante el ATS en ese periodo, apreciándose visualmente su muy reducida cuantía relativa frente a las aportaciones totales de la cabecera, y lo simplificado y erróneo de la afirmación -oída en ocasiones- de que en la cabecera del Tajo no existe agua suficiente para atender el trasvase.

En segundo lugar, a esta razón puramente hidrológica se superpuso una explotación poco previsora de los embalses de la cabecera del Tajo durante los primeros años de puesta en marcha del ATS, que dió lugar en el bienio 1979/80-1980/81 a desembalses de unos 2.000 hm3, del orden de tres veces superiores a los necesarios para atender debidamente las necesidades propias de la cuenca. Tal régimen de explotación y sus muy negativas consecuencias han llegado incluso a sugerir a algún autor una posible existencia de responsabilidad patrimonial (Pérez Crespo [1996]). Además, los dos años anteriores a éstos (1977-78 y 1978-79) se desembalsaron cuantías totales superiores a los 3.000 hm3 (más de 1500 hm3/año), con lo que, ciertamente, no se hizo uso de la hiperanualidad requerida por los almacenamientos de cabecera. 

El gráfico 3 muestra las series de los últimos 20 años de salidas anuales de Bolarque y de entradas anuales al azud de Almoguera. Con alguna ligera diferencia, ambas series son similares y bien indicativas de los desembalses de cabecera, y permiten apreciar las grandes sueltas de finales de los 70, y el efecto de moderación, regularidad y control de la explotación llevado a cabo en los últimos años.

El gráfico 4 muestra las existencias mensuales embalsadas en Entrepeñas-Buendía desde el año hidrológico 1960-61, y permite comprobar asimismo el espectacular vaciado permanente que se produce entre el año 1979 y el 1983, en que las reservas quedan exhaustas, y, como se vió, con una larga sequía por delante, que hizo imposible su recuperación. Son los años de la tensión y la guerra del agua.

Finalmente, una tercera circunstancia explicativa de este funcionamiento es la falta de definición formal, durante todos estos años, de lo que debía entenderse por recursos excedentarios, únicos que legalmente podían ser objeto de transferencia. Esta indeterminación generó inmumerables conflictos y discusiones sobre las posibles cuantías trasvasables en cada momento, dada la discrecionalidad con que el concepto podía interpretarse.

En cuanto a la primera circunstancia hidrológica nada hay que comentar, salvo que se deberá tener en cuenta para la gestión futura del sistema de cabecera del Tajo, tal y como ya se está haciendo mediante las reglas de explotación recientemente elaboradas

Respecto a la segunda causa, es seguro que constituye una enseñanza para el futuro, y ha servido, como ha podido verse, para que la Confederación Hidrográfica del Tajo pueda ajustar los desembalses de la cabecera a sus necesidades reales y llevar a cabo en los últimos años una excelente explotación del sistema.

Respecto a la tercera, ha sido plenamente superada al haberse definido por el Plan Hidrológico del Tajo, con toda precisión, lo que debe entenderse por recursos excedentarios.